El dolor crónico se puede hacer muy difuso

Es importante conocer no solo el hecho de que el dolor, cuanto más tiempo lleve con nosotros menos relacionado está con el estado de nuestros tejidos, sino que cuanto más tiempo llevemos con él, más difuso se hace. ¿A qué me refiero con esto? Pues a que cuando llevamos mucho tiempo con dolor, son tantas cosas las que influyen, que ya no se sabe cuál o cuáles son las culpables de que se mantenga.

Un ejemplo práctico de un dolor que se hace difuso

Para que te hagas una idea, imagínate que tu dolor lumbar tuvo como origen una protrusión, la cual, fue posible gracias a que tenías un core (te recomiendo leer el artículo del otro día) que no era capaz de estabilizar tu columna bajo carga.

Después de este suceso, empiezas a desarrollar miedo a moverte y a hacer ciertos gestos. Pasa un mes y pese a que tu protrusión ya se ha curado sola, sigues actuando de la misma manera y sigues teniendo miedo a moverte.

Debido a esto, tu cerebro sigue generando dolor para protegerte ya que, cree que lo necesitas (le das motivos). Este es el primer momento donde el dolor se empieza a hacer difuso, pues ya no se debe a la causa inicial específicamente.

Lo seguimos complicando más

Resulta que antes de que ocurriese este suceso te encontrabas desarrollando una enfermedad inflamatoria intestinal, la cual empieza a presentar los primeros síntomas más graves a los dos meses:

  • Dolor en la zona abdominal que se mezcla con tu dolor de espalda.
  • Dificultad para alimentarte como deberías, lo cual te genera una mayor debilidad general y mayor fatiga muscular, favoreciendo el hecho de que experimentes más dolor.

No suficiente con esto, tras 6 meses conviviendo con esta situación tan angustiante, inevitablemente, tu cuerpo y sobre todo, tu mente, no es capaz de soportar las exigencias normales del día a día (debido a la carga extra que lleva encima). El resultado es el desarrollo de una situación de estrés crónico, que también va a favorecer que aumenten los niveles de dolor o que te cueste más soportar los existentes.

Debido a esta situación de estrés empiezas a desarrollar lentamente problemas con el sueño, que acabarán desembocando en una situación de insomnio, cuyos efectos sobre tu dolor te puedes ya imaginar…

Tras un año de ir de mal en peor, al final acabas por romperte internamente y te ves sumido/a en una depresión. Esto significa, que tu cuerpo produce un mínimo o incluso nada de las sustancias encargadas de minimizar tu dolor.

Lo que empezó como algo tan simple, ha escalado hasta unos niveles inimaginables. Ahora tenemos una situación donde existen una cantidad de factores interrelacionados que se potencian mutuamente. Y ojo, porque no solo tenemos que pensar en como afectan estos factores al dolor, sino que ahora tenemos que pensar en como se retroalimentan positivamente entre ellos…

Conclusiones

Puede ser que la solución inicial pasase simplemente por hacer un proceso de rehabilitación donde aprendieses a moverte mejor, ganases estabilidad en la zona media e incrementases tu fuerza y tu masa muscular. Sin embargo, ¿ahora cuál es la solución?

Es muy difícil que se pueda establecer una relación de causalidad lo más mínimamente acertada en este momento. A eso es a lo que me refiero cuando digo que el dolor crónico con el tiempo se hace cada vez más difuso.

Es aquí donde abordar el entrenamiento desde un punto de vista biopsicosocial no solo es positivo, sino que se vuelve imprescindible para que pueda existir algún éxito en el tratamiento.

Si este es tu caso o te encuentras en una situación similar con posibilidades de evolucionar hasta lo anteriormente comentado, te recomiendo dos cosas:

  • Ponte en manos de un (o varios) profesional cualificado que escuche tu caso y entienda la complejidad de tu problema.
  • Ten paciencia. Son muchas las piezas que hay que tocar y seguramente se trate de un proceso lento, con muchos altibajos.

En muchos casos el dolor no tiene una solución específica, y pasa por ir mejorando todos los aspectos de la salud poco a poco.

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