el dolor como un habito

El dolor como un hábito

¿Alguna vez te has parado a pensar en el dolor como un hábito que has adquirido con el tiempo? ¿Sabes que uno de los motivos por los que tu dolor no desaparece podría ser que te has acostumbrado a él?

Si te resulta interesante lo que acabo de comentar, bien porque no te habías parado nunca a pensar en esta posibilidad o porque te produce un sentimiento de incredulidad, te invito a que te quedes hasta el final de este artículo.

Los hábitos

La posibilidad de adquirir hábitos es una capacidad muy ventajosa para el ser humano. Nos permite realizar actividades de manera casi automática, dejando así espacio en la mente para otras cosas más importantes.

Sin embargo, el que tengamos la capacidad de automatizar procesos puede volverse algo negativo si estos son perjudiciales para nosotros. Por ejemplo, comprobar las redes sociales nada más levantarnos o al acostarnos puede configurarse como un hábito (pese a todos los efectos negativos que pueda tener para nosotros).

Por lo tanto, primera conclusión que debemos extraer y que debemos tener clara a partir de ahora:

Podemos automatizar procesos que sean negativos para nosotros y nuestro organismo.

El dolor como un hábito adquirido

Sí, el dolor puede convertirse en un hábito, y es más probable que pase esto cuanto más crónico sea un dolor, es decir, cuanto más tiempo llevemos sufriéndolo. De hecho, adquirir el hábito del dolor puede ser uno de los determinantes principales para que se produzca la transición de un dolor agudo a uno crónico.

La adquisición de este hábito tiene mucho que ver con los pensamientos acerca del dolor que tiene la persona. Cuando tras un tiempo después de que se haya producido una lesión pensamos que lo normal es tener dolor (es decir, cuando dejamos de pensar que lo normal es que el dolor vaya a desaparecer con el tiempo), podemos desencadenar ciertos comportamientos contraproducentes. Uno de ellos puede ser una actitud de espera hacia dicho dolor (1).

“La persona tiene expectativas de tener dolor. No se extraña ante ello y lo deja de interpretar como algo anormal”.

Este es uno de los primeros pasos para garantizar la adquisición del hábito del dolor con el tiempo. Si la persona está esperando a tener dolor cuando se levanta por las mañanas, o si espera tener dolor al realizar cualquier gesto o movimiento, lo más normal es que el dolor se dispare como una respuesta automática por parte del cerebro. Sin ni siquiera contrastar la información que le llega de la situación o de las necesidades reales del organismo para protegerse.

Es como cuando estas bajando por unas escaleras a oscuras y piensas que hay un escalón más de los que en realidad hay. El cerebro no espera a ver o comprobar con el tacto si de verdad hay otro escalón para reaccionar, sino que automáticamente te hace dar un paso hacia delante como si ese escalón estuviese ahí verdaderamente. En cambio, la cosa sería diferente si tú al menos tuvieses dudas de si hay o no un escalón más. En en ese caso darías un paso con mayor precaución, pero sin dar nada por sentado.

Volveremos a esta analogía posteriormente cuando hablemos de cómo se puede salir del hábito del dolor, o lo que es mejor aún, cómo puedes evitar adquirirlo.

Al fin y al cabo, el dolor como cualquier otra experiencia generada en la mente, puede convertirse en un comportamiento aprendido.

Te pongo otro ejemplo para que lo entiendas mejor, pues es algo bastante complejo: Conoces a una persona y experimentas alegría cuando estas con ella; en las siguientes ocasiones que ves a esa persona sucede lo mismo; tu cerebro con el tiempo esperará de antemano sentir alegría cuando vayas a ver a esa persona; y esto seguirá siendo así, aunque uno de esos días te fuese a dar solo malas noticias. Pues la misma relación se puede establecer entre tus comportamientos y el dolor.

Y me dirás, ¿qué culpa tengo yo de haber desarrollado el hábito de sentir dolor si mi experiencia lo único que ha hecho es reafirmar mi temor?

Te entiendo. No tienes ninguna culpa. Es lo normal. Para que hubiese ocurrido de otra manera tendrías que haber tenido a tu disposición esta información desde el primer momento. Por eso estoy aquí, porque es mejor tarde que nunca. De igual manera, esta información es necesaria si quieres salir del hábito del dolor y además, al transmitirte este conocimiento acerca de tu dolor consigo que te empoderes.

el dolor como un habito

Como salir (o no entrar) del hábito del dolor

Primero, necesitas la información necesaria para entender tu dolor (como te acabo de comentar). Por eso te animo a que antes o después de terminar esta lectura te dirijas a leer el resto de los artículos de esta serie denominada introduciendo el dolor.

Una vez hecho esto, te pido que leas atentamente la siguiente frase y te la grabes a fuego:

No es normal sentir dolor al levantarse, como tampoco es normal sentir dolor al realizar “x” movimiento.

Ahora lo más importante es creérselo, ¿y cómo conseguimos creérnoslo? Pues demostrándonos a nosotros mismos día tras día que estamos convencidos de esta afirmación, mediante acciones y experiencias que lo reafirmen. En otras palabras, tenemos que crear el hábito de no sentir dolor y sustituirlo por el antiguo. Te aviso de que esto es un proceso que requiere de tiempo. Más cuanto más lleves con el dolor.

Creo que no lo había dicho aún, pero es muy importante que esto también te lo grabes a fuego:

En los procesos de mejora de nuestra salud no existen atajos ni soluciones mágicas.

Bueno, volvamos a la analogía de las escaleras para terminar de explicar este proceso. Para salir del hábito del dolor debemos encontrarnos en la situación de la persona que al menos duda si hay o no un escalón. Dicha persona no tiene un comportamiento por defecto (sentir dolor), sino que espera a ver qué pasa.

De acuerdo con esto, tenemos que empezar a desarrollar otros hábitos:

  • El hábito de pensar que al día siguiente por la mañana no nos va a doler la espalda.
  • El hábito de pensar que ejecutar el siguiente movimiento no tiene por qué producirnos dolor.

Y me dirás: “pero estoy es muy difícil Marcos. por mucho que me lo proponga y que piense que no voy a sentir daño, el miedo o las expectativas las tengo grabadas en el subconsciente”. Y te doy la razón. Es muy difícil. Y quiero hacer hincapié en esto: no vengo a ofrecerte soluciones fáciles, vengo a mostrarte la realidad.

Esto no tiene nada que ver con un acto de fe, tiene que ver con trabajo, trabajo y más trabajo a lo largo del tiempo. Se trata de un esfuerzo constante por querer mejorar de manera integral en todos los aspectos de tu vida (sueño, alimentación, ejercicio, mente…).

Consideraciones finales para salir del hábito del dolor

Descuida, no te voy a dejar a solas en esto únicamente diciéndote que cambies tu manera de pensar y dándote ánimos. Para salir del hábito del dolor dos cosas son esenciales:

  • Grabarse a fuego la frase que te dije antes y sobre todo, tener claro que cuando sientes dolor no significa que te estés haciendo daño. Esto es imprescindible para que tengas la tranquilidad de avanzar, de dar ese paso a oscuras aunque con precaución, pero darlo, que al final es lo más importante.
  • Y al igual que para la adquisición de cualquier otro hábito, hacen falta acciones. Por desgracia, las oportunidades del día a día para llevar a cabo estas acciones son muy reducidas.

Es aquí donde el entrenamiento (y un profesional capacitado para conducirte a través de este difícil camino) es imprescindible de cara a agilizar todo el proceso.

En la siguiente entrada veremos cuales son los motivos de dicha afirmación y profundizaremos acerca de cómo el entrenamiento tiene la capacidad de influir muy positivamente en tu problema.

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Referencias

1.       De Koninck Y, Katz J, Wager TD, Price TJ, Schechter N, Levine JD, et al. Transition to chronic pain: opportunities for novel therapeutics. Nat Rev Neurosci. 2018;19(7):383–4.

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