Exposición al frío y sus beneficios en la mejora de la salud

Hoy te vengo a hablar de exposición al frío y sus beneficios en la mejora de la salud, pero antes quiero explicarte por qué he elegido este tema; contarte un poco de mi historia personal. Yo empecé con la exposición al frío de manera consciente hace ya unos 4 años, pero en ese momento lo empecé a hacer sin ninguna idea de que podría tener beneficios para la salud. Sólo lo hacía con el objetivo de demostrarme a mí mismo que “era capaz”; demostrarme que soy fuerte. Al fin y al cabo lo que buscaba era fortaleza mental. Puedo decir que me enganché a ello y al hecho de retarme y poner a mi cuerpo ante situaciones adversas e incómodas.

‘Ningún hombre es más infeliz que el que no ha sufrido adversidad, porque muere sin probarse a sí mismo’ .

Séneca

Y esto es lo que quiero enfatizar antes de empezar a hablar del frío. Muchas de las cosas que hacemos que mejoran nuestra salud, tienen un impacto aún más positivo sobre nuestra mente y nuestra fortaleza mental. Unos beneficios difícilmente cuantificables y más aún difíciles de explicar. Es algo que debes probar por ti mismo/a, igual que los increíbles beneficios del entrenamiento de fuerza a nivel mental (que a veces superan a los físicos).

Enfoque evolutivo y exposición al frío

Ya está otra vez el pesado del enfoque evolutivo dándote la chapa. Vamos a recordar de nuevo cuál es la idea clave de este enfoque evolutivo y porque creo que debe englobar toda la práctica de actividades que tengan el objetivo de mejorar nuestra salud.

Nuestros genes se crearon en unas condiciones específicas hace millones de años > Nuestros genes están diseñados para funcionar en esas condiciones específicas > Nuestros genes además, se benefician de esas condiciones específicas, funcionando de una manera más adecuada > Por lo tanto, nuestros genes esperan esas condiciones específicas > Cuanto más alejados estemos de esas condiciones específicas, más cerca estaremos de la enfermedad.

Entonces, frío y enfoque evolutivo. Veamos por qué.

Pasamos buena parte de nuestra evolución en la última era glacial, que empezó hace 110.000 años y terminó hace tan sólo 10.000 años. Nuestro cuerpo no sólo está bien adaptado al frío, sino que lo espera.

¿Quiere decir esto que tengamos que vivir como en el pasado y renegar de todo lo moderno que nos ayuda a soportar mejor estas condiciones? No, no digo eso. Lo que estoy diciendo es que nuestro cuerpo (nuestros genes) necesitan exponerse al frío de manera regular para funcionar adecuadamente, de lo contrario, más tarde o más temprano enfermaremos.

Y lo que sucede hoy en día justamente en la mayoría de los casos es eso. Hemos suprimido el frío, hemos eliminado el invierno con nuestros calientes abrigos, nuestros edredones de plumas por la noche y la constante calefacción. De hecho, existe un tremendo rechazo al frío. Me he dado cuenta de que las personas no saben ni si quiera diferenciar el hecho de sentir el frío (externo) a tener frío (interno), y en cuanto sienten el frío, huyen de él, como si de la lepra se tratase.

Esta clase de comportamiento es peligrosa para nuestra salud. Hemos eliminado el estrés térmico, algo muy importante dentro de nuestro proceso de evolución.  Yo, por lo que vengo a abogar aquí, es por ese “sentir el frío”. Debemos aprender a sentir el frío de nuevo y aceptarlo como una sensación más. Solo en ese momento es cuando le permitiremos al cuerpo responder ante él, generando calor a partir de diferentes mecanismos. Seremos capaces de sentir el frío fuera, pero no tener frío. Algo para muchos desconocido.

Los beneficios de la exposición al frío

Voy a hablar ya de los beneficios, pues te conozco. Sé que quieres saber qué te aporta: “Tú cuéntame lo que obtengo a cambio y luego ya veremos si me interesa saber más cosas”. No te culpo, nos han enseñado a actuar de esta manera; han destruido nuestra curiosidad y han puesto nuestro foco en los resultados. Yo voy a tratar de estimular un poco esa curiosidad, así que después de hablarte de los beneficios, te hablaré de “los porqués”.

¿Cuáles son los principales beneficios de la exposición al frío?

  1. Potente mejora del sistema inmunitario (mucho más efectivo que las mascarillas y encima gratis. Oh, espera un momento…).
  2. Aumento de la longevidad.
  3. Aumento del metabolismo y del control de la glucosa.
  4. Mejora muy potente de la función mitocondrial (las mitocondrias son las encargadas de producir la energía en nuestras células; nuestra calidad de vida depende de ellas).
  5. Mejora del sistema cardiovascular (mejora en la respuesta de la frecuencia cardiaca, mejora de la circulación sanguínea y de la tensión arterial).
  6. Mejora de la respuesta hormonal (las hormonas son el lenguaje del cuerpo. Si este mejora su comunicación, mejora el funcionamiento de este y por tanto, nuestra salud mejora).
  7. Mejora del cabello (para que junto con una correcta alimentación, dejéis de gastar dinero en tratamientos inútiles y cancerígenos).
  8. Reducción de la inflamación.
  9. Mejora del estado anímico, el autoestima y la depresión.
  10. Disminución del dolor (sobre todo el asociado a diferentes condiciones como la artritis, a través de la estimulación de la noradrenalina).
  11. Aumento considerable de la pérdida de grasa.

En este artículo solo me voy a centrar en entrar un poco más en profundidad a la parte de la pérdida de grasa, pues de lo contrario, el artículo se haría muy largo y no estoy seguro de que te vaya a interesar tanto contenido.

Por ese motivo voy a realizar próximamente un webinar o taller online donde hablaré con detenimiento de cada beneficio explicado anteriormente (creo que lo más importante se encuentra en entender por qué hacemos algo y no basta con solo hacerlo porque sepamos que “es bueno”) y donde además, saldrás con un plan de acción práctico para empezar a exponerte al frío desde cero. Si estás interesado/a escríbeme un mensaje por cualquiera de los medios que tienes a tu disposición (Instagram, correo electrónico…).

La exposición al frío y la pérdida de grasa

Vamos a hablar del impacto que tiene la exposición al frío en un proceso tan dificultoso como la pérdida de grasa. Te voy a dar mi opinión basada en la experiencia personal y en todo lo que he leído y estudiado hasta la fecha: Creo que la exposición al frío es uno de los factores más determinantes a la hora de conseguir perder grasa en algunas personas, y te voy a tratar de dar las razones de esto.

Después de obtener oxígeno, mantener la temperatura corporal es lo más importante para tu cuerpo, 36,5ºC (+/- 1ºC). Cualquier desviación de esos valores suponen algo alarmante para nuestro organismo, y por eso posee mecanismos para mantenernos en un rango óptimo de temperatura a toda costa. Y te digo, que estos mecanismos encargados de mantener la temperatura corporal gastan cantidades ingentes de energía. ¿Siempre te has preguntado por qué después de bañarte en la piscina tenías tanta hambre? Ya tienes la respuesta

La activación periódica de estos mecanismos es muy beneficiosa (no solo a nivel de pérdida de grasa), ¿pero que pasa si nunca se activan como ocurre comúnmente en la mayor parte de las personas? Pues que dichos mecanismos se atrofian.

Debemos tener en cuenta que los beneficios de la exposición al frío van mucho más allá de la quema de grasa, y tienen mucho más que ver con el cambio metabólico que se produce en nuestro cuerpo cuando se activan los procesos desencadenados por esta exposición al frío. Esta mejora a nivel metabólico tiene un impacto muy positivo en nuestra salud y también, como hemos dicho, en la pérdida de grasa.

¿Y cuáles son estos cambios a nivel metabólico que además tienen tan gran impacto en la pérdida de grasa?

  1. Adiponectina. El frío eleva la adiponectina, una proteína producida en los adipocitos (células del tejido graso) que estimula la pérdida de grasa. Decir además, que tener unos niveles bajos de esta proteína se ha relacionado con resistencia a la insulina y obesidad, mientras que unos niveles altos se asocian con una mayor longevidad.
  2. Aumento del metabolismo. Lo que hemos dicho, existe una gran necesidad de producir energía para mantener la temperatura. Por este motivo quemaremos más grasa. Y si además combinamos esta exposición al frío con una alimentación baja en carbohidratos y muy alta en grasas durante un tiempo, favoreceremos aún más esta quema de grasa.
  3. Conversión del tejido adiposo blanco en grasa marrón o parda. Vamos a dedicarle un apartado específico a esta parte, pero para irte introduciendo, decirte que la grasa marrón en vez de ser un almacén de grasa es un tipo de grasa que aumenta la quema de grasa.

Exposición al frío y grasa marrón o parda

La grasa parda, grasa marrón o tejido adiposo marrón, es un tipo de grasa muy especial que se activa cuando sentimos frío y cuya misión principal es la termogénesis (o producción de calor). Si, es un tejido graso que hace lo contrario. En vez de almacenar, quema grasa. Por eso nuestro interés en que se produzca una conversión de tejido adiposo blanco en tejido adiposo marrón o pardo.

Al activarse, la grasa parda o marrón genera calor para ayudar a mantener la temperatura corporal. El color marrón o pardo rojizo es debido a que está más vascularizada (más vasos sanguíneos) que la grasa blanca. En los animales que hibernan, la grasa parda es la que produce energía durante el periodo invernal para mantener el cuerpo caliente y hace posible la regulación de la temperatura corporal en el proceso de despertar.

Y para producir ese calor la grasa parda usa como combustible la grasa corporal normal o blanca, que es la más común, culpable de tus «michelines”.

Conservamos cierta cantidad de este tipo de grasa (las mujeres más), concentrada en el cuello, espalda alta, y pecho.

Las exposiciones controladas al frío no sólo activan esta grasa marrón, sino que estimulan la conversión de grasa blanca en grasa parda (pasamos de tener una grasa que se almacena a tener una grasa que quema grasa almacenada; maravilloso).  La cantidad de grasa marrón que tiene un individuo juega un papel relevante en la el metabolismo basal, es decir, en la cantidad de calorías que utiliza el cuerpo en reposo.

Algunas estimaciones apuntan a que sólo 50 gramos de grasa parda pueden representar hasta el 20% del gasto energético de un adulto. Si tu objetivo es perder grasa, más te vale que empieces a tener más en cuenta la exposición al frío.

Si bien la activación y desarrollo de nueva grasa parda se logra con exposición al frío, su efecto va mucho más allá. Algo muy interesante, es que permite disipar buena parte de las calorías excedentes en forma de calor, evitando que se acumulen como grasa normal. Uno de los efectos que nota mucha gente que se expone al frío con normalidad es que su cuerpo tiende a generar más calor durante el día, es decir, aumenta el metabolismo. Y esto te lo puedo confirmar yo personalmente. Una de mis bromas malas favoritas es decir a la chicas que “siempre estoy caliente”. Después aclaro que me refiero a mi temperatura corporal. No me lo tengáis en cuenta jajaja.

Parece que el ayuno y el ejercicio pueden aumentar la actividad de la grasa parda también, pero a unos niveles no comparables a los obtenidos con la exposición al frío.

Bueno, por aquí nos vamos a quedar en esta entrada. Espero que os haya gustado y la hayáis encontrado de interés. Se han quedado muchas cosas interesantes en el tintero a nivel teórico, pero sobre todo, a nivel práctico, así que os animo a que me escribáis solicitándome información acerca del próximo webinar sobre este tema que grabaré. Creo que os va a encantar.

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