Lo que no se ve…

Un minuto de silencio por mi cuello. Esta foto es de hace unos meses. No es casualidad que haya perdido vista estos meses y se me sobrecarguen los trapecios con facilidad. Es muy importante tener un escritorio en el que te sientas cómodo y donde tengas la pantalla a la altura de los ojos o un poco por encima. Yo lo he aprendido tarde, y este ha sido solo uno de los muchos errores que he cometido en esta experiencia de 6 meses en Dublín.

Las cosas no han sido fáciles para mí. Nunca me he llegado a sentir a gusto en estos meses y en gran parte es por mi culpa. Vine con la mentalidad de que esto sería algo transitorio y por ese motivo en ningún momento he tratado de asentarme aquí, no he tratado de hacer vida por aquí y no me he llegado a sentir en “mi sitio”.

Por ese motivo no he invertido en mi bienestar. No me he comprado un escritorio decente. No he invertido en una silla en condiciones. Tampoco he invertido en una lampara que iluminase bien la habitación, lo que ha sumado a ir perdiendo vista poco a poco.

Me duele mucho decir esto, pues tengo la suerte de tener a mi lado a una persona que ha hecho todo lo posible y más para que me sienta a gusto aquí. Se ha desvivido por hacerme sentir “en casa”, pero por mi mala actitud o por no saber hacerlo mejor, no he conseguido sentirme así.

Cuando tu trabajo como es en mi caso, conforma una parte tan importante de tu día, es un error garrafal no sentirte a gusto en tu lugar de trabajo. En serio, si vas a estar 10-12h en un lugar todos los días, haz todo lo que esté en tu mano para sentirte a gusto ahí, de lo contrario, dejarás de sentirte a gusto con tu trabajo; supondrá mucha fricción.

Y mirando atrás, eso ha sido una parte importante de lo que ha hecho que no me sienta a gusto aquí. O como bien sabe mi chica, ha sido un parte importante de ese sentimiento de insatisfacción vital constante que he sentido estos meses. Algo que me ha frustrado mucho, cuando siempre me he considerado una persona feliz. Es la primera vez en los últimos 5-6 años donde no me siento realmente feliz. Eso no quiere decir que no haya tenido muchos momentos felices aquí. Es algo muy diferente la felicidad para mí.

Si le sumamos a todo esto que he estado todo el día metido en una habitación (era un piso compartido con 4-5 personas más) donde no me sentía a gusto (que de nuevo es un error mío, pues estas últimas dos semanas he estado trabajando en la cocina y me ha dado un poco de “aire fresco”), y que he vivido completamente aislado, sin mis amigos (de nuevo error, no he tratado de conocer gente aquí ni generar lazos con las personas de la casa) ni mi familia, y sin mi vía de escape principal en el día a día, que es poder echarme un partido de pádel en cualquier momento cuando siento que las cosas no “hacen clic”… pues te haces una idea de cómo me he sentido.

Además, el haber cambiado mis rutinas a los horarios de Dublín y un poco al horario de despertar de mi chica para acompañarla por las mañanas a trabajar, ha hecho que las posibles horas de trabajo disponible, se compriman a muchas menos horas y sienta como una presión constante en mi día a día. Esto ha dado lugar a que sienta que no tengo tiempo para mí y las cosas que son importantes para mí como leer, estudiar o reflexionar. Lo que ha ocasionado también, es que muchísimas veces he sacrificado mi entrenamiento por el trabajo.

De nuevo, los errores aquí se amontonan. Lo primero, podría haber cambiado mis rutinas por la mañana mucho antes si veía que no se adaptaban a mí. Sin embargo, cuando vives con prisas y con estrés, no te paras a reflexionar ni eres consciente de las cosas. Lo segundo, esa presión que he sentido, me la he impuesto yo y muchas veces me ha hecho ser improductivo y aprovechar mal el tiempo. Haberlo enfocado de una manera diferente habría cambiado mucho las cosas. Tercero, sacrificar mi entrenamiento que es una parte muy importante de mi bienestar físico y emocional me ha pasado factura a la hora de sentirme cada vez más triste y menos motivado en mi día a día.

Me he ido debilitando a mí mismo con el tiempo. Me doy cuenta de que “me he perdido” poco a poco. He dejado de ser la persona fuerte mentalmente que era; la persona que no se queja de las cosas, que afronta la vida tal y como le viene, se adapta y es flexible. He dejado de ser la persona disciplinada que era. He tratado de evitar la incomodidad. Me quejaba del frío, de la ducha con poca presión… en fin, de todo lo que iba encontrando.

Pese a todo esto, he seguido sacando mi vida adelante, he seguido haciendo crecer este proyecto (muchísimo más de lo que esperaba, por eso me jode no sentirme satisfecho con nada de lo que he conseguido), he seguido tratando de dar mi mejor versión a la persona que tengo a mi lado…

Sin embargo, siento que no he estado a la altura de esta situación. Siento que no he tenido la actitud correcta en ningún momento. Y me jode acabar esta etapa sin sentir que he sido capaz de estar a gusto aquí. Me siento derrotado; en gran parte decepcionado conmigo mismo.

Y quién sabe, puede ser que todas estas palabras sean totalmente injustas conmigo mismo, y que provengan desde esa autoexigencia tan brutal que siempre me impongo. Puede ser que visto con objetividad haya sacrificado mucho por estar aquí. Puede ser que haya salido demasiado de mi zona de confort para mi situación, ya que mi proyecto supone salir constantemente de mi zona de confort de por sí.

Quién sabe. Quería que supieses un poco más de lo que “no se ve”; de esa lucha interna constante del emprendedor; esa soledad elegida, pero a la vez tan dura a veces; de esa incomprensión de tu entorno, que pese a que traten de ponerse en tu lugar, nunca lo comprenderán. Quería mostrarme humano una vez más contigo, para que entiendas que la vida tiene momentos de estar arriba y momentos de estar abajo. Que entiendas que los procesos no son lineales y que ni mucho menos son cuestión de 3 meses. Las expectativas nos matan.

Y quiero dejarte una reflexión final muy importante. Y es que, la clave; lo más importante y por lo que en el fondo estoy tan orgulloso de mí, es porque sé que nunca voy a tirar la toalla. No me voy a rendir. Nunca. Voy a perseverar cueste lo que cueste en mis metas. Porque sé, que la clave está en la constancia y en el trabajo. La clave está en perseverar.

Gracias mi amor por toda la paciencia y por haberme dado todo de ti y más en estos meses. Sé que tu inclinación natural será sentir dolor y sentirte culpable porque no me haya sentido a gusto, pero no tienes nada por lo que sentirte culpable. Todo lo contrario, tienes que sentirte orgullosa por la persona que eres y por la persona tan increíble en que te estás convirtiendo. Cada día me sorprendes más.

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